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Sandra Muñoz Baeza: “Intencionemos que los niños puedan descubrir y aprender por sí mismos, no les demos todo listo”

Fue una de las primeras pasantes de la Junji a la Asociación de Maestros Rosa Sensat, en Barcelona.

“¡Tú puedes! No tengas miedo, ¡puedes hacerlo!”. Así animaba a una niña de unos tres años, la educadora de párvulos Sandra Muñoz Baeza, encargada del Jardín Infantil Arco Iris de La Cisterna, el único alternativo familiar de ese tipo en Santiago. En el patio del Liceo Polivalente Olof Palme, donde está inserta esta unidad educativa de la Junji Metropolitana, esta pequeña intentaba equilibrarse en un circuito de psicomotricidad.

Algo tan sencillo, pero determinante a la vez.

Sandra podría aceptar darle la mano a su alumna para ayudarla a cruzar, pero escoge motivarla y confiar en ella. Después de unos cuantos minutos, la misma niña le ayuda amorosamente a otro compañero a equilibrarse.

“El desafío que tenemos como educadoras es el de escuchar a los niños. ¿Qué es lo que quieren aprender ellos? No seamos los adultos, quienes decidamos siempre qué tienen que aprender y de qué manera”, reflexiona Sandra mientras niños de su nivel heterogéneo juegan con los de kínder en el patio del colegio.

La implementación de zonas exteriores educativas ha sido una de las innovaciones que trajo de su pasantía y ha significado irradiar de buenas prácticas en educación parvularia a este colegio y propender así a un contexto menos escolarizante, sobre todo en los primeros años de vida de los niños y niñas.

Material pedagógico como areneros, teatro de títeres, pizarra transparente, una casita con elementos domésticos y un rincón de lectura son algunos de los espacios educativos que se presentan como escenarios en el patio y donde alumnos de diferentes edades juegan libremente.
Sacar mobiliario y elementos del aula para afuera sirvió también para descomprimirla y una oportunidad para que Sandra la reorganizara de una manera estética, con materiales nobles como pequeños troncos cortados, plumas de pavo real y conchitas de mar, que donaron familias y profesores o fueron rescatados por la educadora. Ella los valora porque explica que aportan una experiencia educativa más variada y creativa.

“En la pasantía me llamó mucho la atención un colegio que desde la entrada tenía escenarios para que el niño creara y se motivara por descubrir. Eso es lo que busco implementar, intencionar que los niños descubran y aprender por sí mismos, no les darles todo listo”, dice enfática la educadora que llegó a hacerse cargo de este jardín alternativo hace 27 años como técnica en párvulo.

Al entrar al aula, hay dispuestos sobres las alfombras elementos didácticos que combinan el material noble y juguetes más clásicos. Las sillas se han dejado en un rincón y sobre algunas mesitas se pusieron cajas de plástico transparente llenas de arena y otros objetos en su interior. Los niños juegan a su ritmo y después de un rato comienzan a interesarse por unos dinosaurios en miniatura: “¿cómo se llama?” —le pregunta un párvulo a Sandra— y ella, en vez de inquietarse por no saber la respuesta, los alienta a conversar entre todo el grupo, hasta que un niño con un polerón con un diseño de dinosaurio contesta entusiasta: “¡es un tyrannosaurus!”.

Ese día, Sandra tenía planificado realizar después, una actividad sobre medioambiente. Pero vio tal interés de sus párvulos por este otro tema que continuó con un video sobre estos animales extintos y después los invitó a escoger entre pintar con témpera o jugar con masa lo que habían aprendido.

Estos cambios se han podido implementar gracias al trabajo colaborativo y articulado. Cada mañana Sandra se reúne con las educadoras de párvulo del colegio Margarita Florenzano y Marta Enríquez, a cargo de prekinder y kínder, respectivamente. Entre todas reflexionan y complementan sus ideas. “Las tres somos empoderadas y nos hemos dado cuenta cómo hemos vuelto a los orígenes de la educación parvularia, donde lo importante es el juego y la experimentación directa del niño”, comenta Margarita.

Asimismo, Sandra participa en el consejo de profesores, compuesto por unos 50 docentes; quienes junto al director del establecimiento, Jaime Olate, la animaron para postular a la pasantía y fueron receptivos con la retroalimentación que les presentó a su regreso.

La mayoría de las familias de los 24 párvulos que asisten al jardín están en situación de vulnerabilidad. Ellas participan activamente en la jornada diaria, colaborando con dar el desayuno, organizando actividades o yendo a las reuniones de apoderados; pero también Sandra los anima a aportar con experiencias educativas.

“Si escuchamos más a las familias y nos unimos, habrá mayor compromiso. Si una mamá se dedica a vender ensalada en la feria, yo le propongo que cocinemos un día con los niños. Les hago ver que lo que cada uno tiene es valioso y para los niños es importante ver a su familia participar en su educación”.

 

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