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Las claves para innovar en el jardín infantil desde la inclusión

El Jardín Infantil “Arbolitos de Sueños” de Quilpué, ha logrado que niños en situación de discapacidad sean incluidos plenamente y todos juntos aprendan desde experiencias innovadoras.

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Con algo más de un año de funcionamiento, el Jardín Infantil “Arbolitos de Sueños” de Quilpué, administrado por la Junji Valparaíso, ya está dando que hablar por sus prácticas pedagógicas innovadoras e integrales. Su equipo educativo liderado por la directora Carol Fernández, asumió en noviembre de 2017 y en marzo del año pasado abrió sus puertas a la comunidad. En total son 20 lactantes y 28 niños y niñas de nivel medio heterogéneo. De ellos, seis presentan algunas situaciones de discapacidad.

Brindar una enseñanza diversificada y respetuosa ha sido un desafío para este jardín. Desde el primer momento quisieron diseñar e implementar nuevas prácticas pedagógicas, más innovadoras. Entonces, se plantearon la pregunta ¿Qué desafíos tenemos como equipo educativo para asegurar experiencias pedagógicas diversas que respondan a los intereses de niños y niñas?

Juntas han descubierto que la clave es la reflexión constante de su trabajo, con el propósito de lograr la transformación de sus prácticas y dar respuesta a los requerimientos de todos los niños, niñas y sus familias, “cuando llegamos nos capacitamos en juego, pero luego, cuando lo llevamos a la práctica comencé a cuestionarme, algo no estaba generando el cambio real en nuestras prácticas. Fue así como tras un coaching que recibimos las nuevas directoras de jardines infantiles de la Junji, nos enseñaron a centrarnos en las fortalezas y capacidades de nuestro equipo, y gracias a unos fondos concursables el 2018, nos capacitamos en el rol mediador de los vínculos afectivos y en la observación de los párvulos”, cuenta entusiasta la directora.

Otro elemento importante que este equipo educativo ha relevado dice relación con destacar la autonomía y libertad progresiva propia de la niñez, según los intereses y necesidades individuales de cada párvulo.

Es por ello que en las aulas de este jardín infantil se disponen varios espacios que ofrecen distintos escenarios para desplegar el juego, que van renovándose permanentemente, y proponen de manera estética desafíos pedagógicos a los niños, utilizando distintos recursos y materiales didácticos.

Cada mañana, después del desayuno y juegos al aire libre, los niños entran a su aula sabiendo que habrá algo que les sorprenderá. Primero, ingresan niños que tienen espectro autista, para estar tranquilos habituándose a la nueva actividad. Cuando ellos ya están experimentando y disfrutando con la arena de colores y otros materiales propuestos, ingresa el resto de los niños que van incorporándose por iniciativa propia en el juego de los primeros, pues la pista de carrera y autitos con la que crean juego simbólico está inmersa en la arena de colores. Así juegan y disfrutan todos juntos.

El trabajo en equipo y la articulación con otros profesionales es otra mejora trabajada por este equipo. En este contexto trabajan colaborativamente con Francisca Domínguez, terapeuta ocupacional, gracias al convenio de Junji con Senadis.

“Como equipo trabajamos desde experiencias educativas inclusivas, esto se refiere a actividades no solo enfocadas en niños y niñas en situación de discapacidad o algún tipo de rezago, sino en las cuales todos puedan participar plenamente. Esto se hace favoreciendo la participación significativa de cada niño y niña, respetando y potenciando la diversidad como una herramienta más de aprendizaje”, explica Domínguez.

La vinculación con las familias es otro factor fundamental. Lo que se ha visto reflejado en la asistencia en el nivel medio heterogéneo. Por ejemplo, generan espacios de entrevistas personalizadas con los apoderados de los niños que faltan o visitas domiciliarias si es necesario. En el caso de los niños con situación de discapacidad se acompaña a las madres y padres, se hacen talleres, y se les ayuda a contar con más redes de apoyo.

También hay especial cuidado en generar aprendizajes relacionados al buen trato y bienestar emocional de los niños y niñas, generando vínculos con los niños durante sus rutinas, en las mudas, lavado de mano o al momento de comer.

“La experiencia vivida no sólo es enriquecedora para los párvulos, sino que también para el equipo educativo que viendo los avances de los párvulos muestran real interés por la formación continua”, sostiene Ángela Santana, subdirectora de Calidad Educativa de la JUNJI Valparaíso. Lo que es reforzado por la directora Carol Fernández, quien expresa “soy una convencida de la importancia de la formación continua en educación parvularia”.

La Junji declara explícitamente que todos los niños y las niñas son sujetos de derecho, reconociendo características y particularidades en cuanto a su edad, género, etnia, necesidades educativas y de cuidados especiales, asumiendo la diversidad como un valor que guía una educación de calidad. Su foco de atención está en la niña y el niño como sujetos activos y protagónicos en la construcción de los procesos de aprendizaje.

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