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Mi receta para: ¿Cómo fomentar la lectura en la niñez?

Desde un teatrino de origen japonés, hasta pintar piedras o intervenir un delantal. Son algunos de los recursos que idean jardines infantiles de la Junji para promover el placer por el mundo letrado.

“Hacer leer, como se come, todos los días, hasta que la lectura sea, como el mirar, un ejercicio natural, pero gozoso siempre. El hábito no se adquiere si él no promete y cumple placer”. Así aconsejaba la poetisa Gabriela Mistral cómo despertar la pasión por la lectura desde la niñez.

Pero, ¿Cuándo parte la lectura? Al respecto, un primer mito a derribar es que los niños y niñas no pueden acercarse a los libros si aún no saben hablar ni leer. Por el contrario, está comprobado que el hábito lector será más fácil de desarrollar si se enseña desde los primeros años de vida, siendo la clave que se aprenda desde experiencias lúdicas, afectivas y de disfrute.

Cantar con ellos, contarles cuentos y leerles en voz alta son recursos que acercan a los párvulos a la lectura. El proceso de aprendizaje parte por el desarrollo del lenguaje oral —el que cuando es acompañado por experiencias significativas— se irá desarrollando de manera exitosa; y repercutirá entonces, en el posterior aprendizaje y comprensión de la palabra escrita.

La rutina y hacer de los libros en un objeto cotidiano, también es fundamental. Por ejemplo, en la casa, dentro del ritual para dormir, se aconseja leer en voz alta un cuento con el hijo o hija. También, es significativo hablarle correctamente, anticiparle lo que hacen juntos y establecer una comunicación cercana, mirándolo a los ojos.

En la Junji se implementa el Plan Nacional de la Lectura para la primera infancia, que tiene como propósito motivar a las familias y comunidad educativa; orientar el diseño de estrategias y disponer de colecciones bibliográficas en los jardines infantiles. Es así, como se han instalado “biblioteca de aula”, donde se disponen libreros a la altura de los párvulos para que ellos alcancen los libros libremente y sin dificultad. El espacio se organiza e intenciona para que ellos participen y se sientan cómodos y a gusto.

Algunas experiencias educativas exitosas que se replican en todo el país:

Susurradores: Como el sonido del viento austral de la región de Magallanes, “los susurradores” transmiten pequeñas piezas literarias al oído, buscando transportar a otros mundos de fantasía. Esta práctica que surgió en Francia, es muy fácil de realizar: solo basta un tubo de cartón, que se puede decorar con telas o papeles de colores, y un adulto que lea un poema breve o la estrofa de una canción al oído del niño o niña, de manera dulce y sin invadirlo. Así, se favorece la concentración y la comunicación cercana.

Delantal cuentero: En la región del Maule, se utiliza el recurso pedagógico en el que el adulto que leerá un cuento con los niños se pone un delantal confeccionado como “escenario”. Y en sus manos, títeres, para narrar la historia de manera más atractiva. ¿Cómo se hace? En un delantal de cocina, se pegan figuras de personajes y ambientes. Se puede fabricar con goma eva, género o láminas plastificadas y pegarlas con pistola de silicona, velcro o cociendo con hilo y aguja. No hay un material determinado, es la creatividad la que manda. También, es recomendable invitar a los niños a participar en su confección.

Muñeco viajero: En la región de Los Ríos se creó a “Culti”, un amigo de trapo que visita las casas de los párvulos junto a un libro que leen en familia, para volver al jardín al día siguiente. Este personaje fue creado por el equipo de educadoras del Jardín Infantil “Sueños y Alegrías”. Por ejemplo, el muñeco no tiene un rostro definido, para que los niños puedan imaginar qué emociones está expresando. Su uso se ha extendido a todo el país.

Piedras cuentacuentos: Con materiales de la naturaleza, en el Jardín Infantil “Renacer del Bosque”, de La Unión, Los Ríos, realizan cuentacuentos. Esta técnica se lleva a cabo con piedras pintadas. Así se arman relatos e historias que potencian la oralidad, la escucha y la concentración.

Kamishimovil: Más al norte, en la región de Antofagasta, el Jardín Infantil “Dumbo” implementa una antigua práctica traída desde Japón, llamada Kamishibai. Se trata de un teatrino de madera, por el que se deslizan láminas ilustradas y en su reverso, está escrito un texto con descripciones y diálogos, para que la educadora lea. Para acercar este recurso a las familias, se hizo una maleta que contiene el teatrino y así se comparte a los hogares de los niños y niñas.

Te cuido con mi huella: Desde el comienzo es importante que los párvulos aprendan a cuidar y valorar los libros. Bajo esta consigna, en el Jardín Infantil “Heidi” de la región de Valparaíso, los del nivel medio mayor “firman” poniendo su huella en un listado del diario mural, comprometiéndose así a cuidar los libros de su unidad educativa.

Aquí puedes revisar el calendario de actividades del Mes del libro en todo el país.

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