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Tirza González: “Me gustan los desafíos que favorecen el protagonismo de los párvulos”

Cambió la carrera de Contabilidad para dedicarse de lleno a lo que durante 18 años ha sido su verdadera pasión: la educación parvularia.

Fue durante 1995 que Tirza González tuvo la inquietud de estudiar algo que realmente diera sentido a su vida, descubriendo así que el trabajo con niños y niñas en la primera infancia era su verdadera vocación. De esta forma, y a pesar de la oposición de su familia, decidió ingresar a la carrera de Pedagogía en Educación Parvularia en la Universidad de Atacama, Copiapó.

“Es una de las decisiones de las que no me arrepiento, ya que es una profesión muy estimulante que permite desarrollarte no solo en lo pedagógico, sino que también en el ámbito de la neurociencias, y en todas las expresiones del arte, como la actuación, la música y el baile, entre otras, lo que brinda la posibilidad de aportar a la formación integral de los párvulos”, destaca.

A lo largo de su trayectoria laboral trabajó en diversos jardines infantiles, pero en su paso por la Fundación “Despertar” -dedicada a la rehabilitación de familias con problemas de drogadicción- Tirza atendía a los niños y niñas en una sala de estimulación durante la sesión de atención a los adultos; habitación que estaba ambientada adecuadamente para favorecer el aprendizaje de los párvulos a través de la exploración. Esta experiencia, comenta, le hizo sentir la necesidad de trabajar en el aula para compartir sus conocimientos con una mayor cantidad de párvulos.

Dos años después de esta experiencia llegó por un reemplazo al Jardín Infantil “Amanecer” de la JUNJI en Copiapó, que se caracterizaba por aplicar la filosofía de Reggio Emilia a las experiencias educativas.

Y fue el paso por este establecimiento el que marcaría el sello profesional de Tirza: “cuando llegué a este jardín me enamoré de la metodología, ya que fue tal mi asombro de observar activamente cómo niños y niñas son protagonistas de sus aprendizajes, y cómo se respetan sus intereses en la forma de aprender. Además, que es fundamental que como adultos somos mero mediadores, y preparamos contextos educativos con elementos provocadores que permitan a los párvulos explorar y desarrollar la creatividad”, remarca.

Tras finalizar su reemplazo en el establecimiento, Tirza se integró al Jardín Infantil “Rabito” donde trabajó hasta el 2013, año en que decide dar un giro en su vida solicitando su traslado al sur del país. Es así como a mediados de ese año llegó al Jardín Infantil “Carrusel”, el recinto clásico de JUNJI más antiguo de Valdivia.

Su experiencia educativa, "Almohadas con trigo y aromas" fue parte del libro “53 Experiencias pedagógicas innovadoras en los jardines infantiles” de Ediciones de la JUNJI. Proyectos con sentido

Para Tirza, su experiencia laboral en el norte fue la antesala de los proyectos pedagógicos que marcarían su trayectoria al servicio de la educación parvularia. En el “Carrusel” le asignaron por un tiempo el nivel medio mayor, pero su gran desafío fue estar a cargo de la sala cuna menor, lo que significó seguir con el método Reggio Emilia pero buscando metodologías pedagógicas para lactantes.

En ese contexto, fue que Tirza se encontró con una apoderada que le comentó sobre la experiencia de su hijo Mateo, a quien le encantaba jugar y manipular unas almohadas de trigo que ella misma confeccionaba. Esta idea le quedó rondando en la cabeza, y decidió atreverse con una propuesta innovadora en la que este objeto fuera utilizado como material didáctico de aula.

Así nació el proyecto “Almohadas de trigo y aromas”, con el objetivo de generar experiencias sensoriales que favorezcan el desarrollo integral de niños y niñas. Para ello, Tirza dijo que contaron el apoyo de las familias y de la docente de la carrera de Terapia Ocupacional de la Universidad Austral de Chile, Eugenia Pizarro.

“Esta iniciativa tuvo un proceso en que indagamos con el apoyo de Eugenia y un grupo de estudiantes de la carrera de Terapia Ocupacional, sobre cuál sería la forma de las almohadas y los elementos de rellenos que fueran amigables y seguros para los lactantes. Así se determinó que las almohadas fueran de trigo y hierbas medicinales, además que tuvieran la forma de un cojín cervical, para favorecer las experiencias sensoriales y múltiples posibilidades de uso del elemento, en base al enfoque de psicomotricidad relacional, la relajación y el juego libre”, explica Tirza.

A lo anterior, la educadora agregó que la iniciativa brinda protagonismo a los lactantes, ya que ellos mismos van descubriendo lo que pueden hacer con las almohadas. Algunos disfrutan colocándolas alrededor del cuello, la guatita, la espalda o los hombros; y al estar calientes y en combinación con el aroma, les provocan un efecto relajante. También, a los párvulos que no les gusta la posición de gateo se apoyan cómodamente sobre las almohadas o se entretienen ubicándolas sobre la cabeza generando equilibrio para que no se les caiga, y al cargarla o arrastrarla van desarrollando su fuerza y musculatura”.

Este proyecto, le permitió a Tirza ser parte del libro “53 Experiencias pedagógicas innovadoras en los jardines infantiles” de Ediciones de la JUNJI que muestra las diversas prácticas educativas vivenciadas por los párvulos entre el 2014 y el 2017, con la idea de plasmar los avances en calidad pedagógica de la educación parvularia en el país.

Dicha publicación, reúne las iniciativas desarrolladas por 100 educadoras de párvulos, detallando las experiencias en el aula que convierten a los párvulos en protagonistas de sus aprendizajes, lo cual ha sido y seguirá siendo el gran compromiso de Tirza en la desafiante tarea de brindar educación inicial. “Esta es una labor que seguiré cumpliendo día a día, y asumiendo nuevos desafíos que contribuyan al desarrollo pleno de los niños y niñas”, concluye.

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