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El párvulo, el sonido y la música

Estudios de las neurociencias demuestran la importancia de las experiencias artísticas desde la primera infancia, especialmente las musicales, porque permiten una gran actividad neuronal que potencia el desarrollo cognitivo y socioemocional. Esto es lo que proponen Olivia Concha Molinari y François Delalande a través de un nuevo modelo pedagógico orientado a la creatividad musical.

Un grupo de niños sonoriza “La Caperucita Roja” con la ayuda de las educadoras y técnicas del jardín infantil, ensayan los diferentes momentos del cuento con los materiales sonoros que mejor los representan. Las educadoras los observan, graban y evalúan los resultados junto a los párvulos, toman nota de los diálogos, metáforas y ocurrencias imaginativas y espontáneas de los niños, y luego son expuestas a la comunidad.

La anterior es una de las experiencias, sugerencias metodológicas y estrategias didácticas que la académica y pianista Olivia Concha Molinari, presenta en la segunda edición de su libro “El Párvulo, el Sonido y la Música”, patrocinado por la Junta Nacional de Jardines Infantiles, JUNJI.

En su obra, Concha Molinari expone los resultados de la experimentación sonora y musical con los niños en los jardines infantiles y salas cuna de Reggio Emilia, Italia, lugar que es un referente de modelos educativos para la primera infancia.

La autora propone que tanto el sonido, como el ruido, el silencio y la musicalidad, así como la exploración acústica que el párvulo hace de su entorno, son estimulantes para él, lo que resulta ser una instancia provechosa para el desarrollo cognitivo y emocional del ser humano, sobre todo cuando es bien apoyado con prácticas pedagógicas por apoderados y educadoras.

”La música y los sonidos son un atractivo inmediato y espontáneo para los niños. Mi pedagogía es la de la escucha como un conocimiento en el que se distingue, clasifica y compara sonidos y ruidos desde la primera infancia. Para esto es necesario fomentar la libertad y el espíritu indagativo de los educadores, y permitir a los niños liberar su imaginación porque el aprendizaje en el ser humano se potencia con las emociones, ésa es la tesis de la neurociencia”, explica.

La autora además platea que es necesario jugar con los niños al sonido, el ruido, el silencio y la música, tanto en el aula como en el hogar “se puede jugar con el sonido que producen las ollas, las botellas de plásticos, los papeles de diversos tipos, dialogando con los niños y haciéndoles preguntas.Es importante entender cuánto se puede descubrir del saber humano a través de la audición y la interpretación”, comenta.

Por su parte, el profesor e investigador, François Delalande -uno de los principales innovadores de la pedagogía en Educación Musical orientada hacia una práctica creativa en los jardines infantiles- señala que los ruidos que producen los niños pueden ser el punto de partida de una forma de creación musical.

“El niño empieza a producir sonidos a los cuatro meses y a partir de los siete lo hace con variaciones, es decir, comienza con una reproducción sensomotora de los sonidos y luego da una dimensión simbólica a los sonidos que produce, y ése es el inicio de la música. Por eso en la formación de los educadores hay que desarrollar un interés por lo que hacen los niños, una forma de observación para incentivar al párvulo a ir más adelante en esta exploración”, concluye.

Algunos materiales atractivos y didácticos que pueden ser implementados paulatinamente en el jardín infantil de acuerdo a las habilidades y destrezas que los niños desarrollen son:

– Voces y percusión corporal con manos y pies
– Naturales: piedras, conchitas, calabazas secas, cañas, semillas.
– Objetos cotidianos: botellas de plástico, platos, cucharas, vasos, legos, papel, tarros, maderas.
– Objetos sonoros confeccionados en el jardín.
– Accesorios de percusión: claves, tambores, triángulos, platillos, campanas, cascabeles, etc.
– Instrumentos vernaculares: kultrun, maracas, matracas, ocarinas, sikus, palos de agua.
– Criollos: tormento, arpa, pandero, acordeón, charango.
– Clásicos: teclado, guitarra, flauta dule, batería, etc.

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